viernes, 8 de abril de 2016
viernes, 1 de abril de 2016
Mensaje del hermano Silvestre
Ahora que celebramos Pascua de Resurrección quiero compartir con ustedes este mensaje del padre Silvestre, que no solo cuenta su experiencia de vivir en la pobreza sino que profundiza la verdad de estar con Cristo, resucitado y trascender con él.
lunes, 28 de diciembre de 2015
Un día feliz
Hoy ha sido un día luminoso para mí. Llegaron Rosita Parra (sobrina nieta, nieta de mi querida hermana Manané) y Rodrigo, de la India. Luego de un almuerzo cálido y muy rico, fuimos a caminar por el Parque Escondido, con su pileta y sus lotus, rodeado de un verde precioso, con sus bancas de madera, donde uno se sienta a conversar, a meditar, a contemplar. Es una tarde tibia, de pronto entre los árboles y el pasto veo una figura sentada, que me parece conocida, es mi nieto Patricio, tiene un halo angelical, me mira y se funde en un abrazo conmigo. Nos sentamos los cuatro frente a la pileta, y se da un dialogo distendido como si todos nos conociéramos de mucho tiempo. Los tres personajes parecen de otra galaxia, sin barreras, libres, cálidos, me da una sensación de paz y felicidad. Intercambiamos emociones, experiencias, vivencias, hay un ambiente de magia, ¡me siento muy feliz!.
Vamos a buscar a la Francisca a la piscina, (mi hija) ella está rauda al sol, llena de luz, es otra Francisca, irradia plenitud, por el día de mañana, ¡el encuentro!, con el ser que ella ha elegido, hay tanta energía en ella, es algo espiritual y físico. Es un día más, pero un día pleno.
Subimos a mi pieza y vemos las fotografías del viaje a la India, de Rosita y Rodrigo, son realmente Buenas, más que eso sacadas desde la esencia de lo que hay que conocer. ¡Qué país tan interesante la India. Mísero, duele ver tanta pobreza, pero con una espiritualidad que surge a la vista. Fue revelador ver vacas, monos, circulando por las calles. Esa vegetación prodigiosa, junto con el Ganges y esas miles de figuras que se funden en el agua, donde entierran a sus seres queridos. También lavan la ropa y se bañan, uno no lo puede entender, pero es parte de ellos mismos.
Estoy tendida en mi cama, con estos tres seres que me han hecho nacer nuevamente, es como volver a la vida, me siento tan feliz. Y luego el final, Patricio pide tocar una canción con su guitarra, para su abuela, me siento tan joven, y doy gracias a Dios por este regalo.
Vamos a buscar a la Francisca a la piscina, (mi hija) ella está rauda al sol, llena de luz, es otra Francisca, irradia plenitud, por el día de mañana, ¡el encuentro!, con el ser que ella ha elegido, hay tanta energía en ella, es algo espiritual y físico. Es un día más, pero un día pleno.
Subimos a mi pieza y vemos las fotografías del viaje a la India, de Rosita y Rodrigo, son realmente Buenas, más que eso sacadas desde la esencia de lo que hay que conocer. ¡Qué país tan interesante la India. Mísero, duele ver tanta pobreza, pero con una espiritualidad que surge a la vista. Fue revelador ver vacas, monos, circulando por las calles. Esa vegetación prodigiosa, junto con el Ganges y esas miles de figuras que se funden en el agua, donde entierran a sus seres queridos. También lavan la ropa y se bañan, uno no lo puede entender, pero es parte de ellos mismos.
Estoy tendida en mi cama, con estos tres seres que me han hecho nacer nuevamente, es como volver a la vida, me siento tan feliz. Y luego el final, Patricio pide tocar una canción con su guitarra, para su abuela, me siento tan joven, y doy gracias a Dios por este regalo.
Mi aventura después del golpe de Estado de 1973
Por mucho años viví frente al Palacio de la Moneda, prácticamente mi niñez transcurrió en el Centro de Santiago, donde giraba todo el acontecer de Chile, vivía esquina con esquina del Hotel Carrera, el más importante de Santiago. Salían los coches con caballos, en esos encantadores vehículos, desde la Moneda con la reina Isabel de Inglaterra y desde el hotel los actores más renombrados, que llegaban a Chile. En el edificio de al lado estaba el Diario La Nación, que colocaban en la vereda, en un pizarrón el acontecimiento del Mundo. Ahí leí con impacto el asesinato del Presidente Kennedy y muchas otras noticias Había siempre un carabinero dirigiendo el tránsito en una tarima de madera. En la calle Agustinas con Teatinos.
De chica me tocó presenciar como caía muerto el carabinero que cuidaba la Moneda, fue el tiempo de la trágica muerte de muchos estudiantes en el Seguro Obrero, en tiempo del Presidente Alessandri. Los carabinero tomaron nuestro edificio y nosotros huimos por el subterráneo hasta la calle Huérfanos donde tomamos un taxi para partir al fundo. Hubo otros recuerdos como las arremetidas de los carabineros contra los comunistas, en tiempos del presidente González Videla que nos impactaron mucho.
Otro de los recuerdos que tengo son mis charlas con mi padre en su escritorio. Él se sentaba conmigo y me leía las cartas de su primo Don Manuel Rivas Vicuña, gran orador y político que fue exiliado por el Presidente Ibáñez del Campo. Eran cartas muy conmovedoras y a mí encantaba compartir con mi padre, hombre idealista y político, todos esos acontecimiento. Mucho debido a estas charlas que me apasionaban, creo se debe a mi interés por la política y lo que se proyectaba en mi país.
Transcurrieron los años y me casé con un historiador y Cientista Político. Vivimos después de algunos años, en tiempos del Presidente Allende, en la calle Holanda en el barrio de Ñuñoa, donde mi esposo podía hacer clase en la Universidad De Chile y Católica con sólo caminar. Era una casona antigua con jardín y con una hermosa higuera donde jugaban nuestros hijos, era una casa acogedora, donde recibíamos a nuestro amigos, mucho intelectuales, eran almuerzos entretenidos donde se intercambiaban ideas y proyectos.
En 1973 la situación del país era grave, el país estaba convulsionado por las contingencias políticas y económicas que vivía el país. Salvador Allende era el primer presidente socialista elegido democráticamente y eso tenía su peso. Eran tiempo dramáticos a mi modo de ver, de gran incertidumbre e impotencia al no poder hacer nada para mantenernos con nuestra gran familia. Fue ahí cuando decidimos partir a Costa Rica. A mi esposo le habían dado un buen puesto en la universidad de Heredia, para levantar un Deptartamento de Historia. El partió antes y yo me iría después. Me quedé con mis siete hijos en la casona de la calle Holanda. Se respiraba una atmósfera inquietante, llena de protestas e incertidumbre.
El 11 de Septiembre fue un día que marcó nuestro destino, sentía volar los aviones por encima de la casa, prendí la radio y coloqué un casete para grabar cuales eran las noticias, en un momento como ese, ahí escuché el último discurso del presidente Allende, antes de morir, era muy emotivo y me provocó angustia y pena. Todo esto estaba pasando en Chile y yo lo quería compartir con mi esposo. A través de la radio en ese momento tan incierto y desgarrador.
Luego, esto fue lo que me sucedió el 16 o 17 de Septiembre de 1973 y que hoy quiero relatarlo. Desperté temprano, y supe que habían levantado el toque de queda por ese día, por unas horas, para poder comprar provisiones.
Tomé mi liebre V.W. y me dirigí al Centro de la ciudad, en la calle Bandera donde estaban los Cables Internacionales, no había Internet y no se podía hacer llamadas al extranjero, pensé lo mal que lo estaría pasando mi marido sin saber de nosotros, estando él en San José de Costa Rica. Una vez terminada mi diligencia, me acerqué al kiosco de diario más cercano y le pregunte a la señora que vendía “¿usted cree que podría ver la Moneda?”, me respondió: “si usted no le tiene miedo a los pacos, vaya”.
Caminé hacia el Palacio Presidencial por la calle Moneda, pasé por la Intendencia donde había un pelotón de carabineros, y me dirigí hacia la puerta principal de la Moneda, las calles estaban vacías, los faroles rotos, no había un alma en las calles. Justo frente a la entrada estaba una muchacha, de uno 20 años mirando los daños del bombardeo, al verme empezamos a conversar. Me preguntó si sabía dónde quedaba Morande, 80, le contesté como no lo voy a saber, si yo viví frente a la Moneda desde los 7 años, la plaza de la Constitución era como el jardín de mi casa, desde mi infancia he vivido la historia de Chile, vi la revolución del Seguro Obrero desde mi ventana y conocí personalmente a Arturo Alessandri y otros presidentes.
Volviendo al relato doblamos por Morande hacia la Alameda, ahí vimos que frente a la puerta, en la vereda, habían colocado cajuelas, sillas y otros objetos sacados del incendio. Estaban dos carabineros de guardia parados enfrente. Dirigiéndome a mi compañera le dije: “Pensar que aquí murió Allende”, impactada a pesar de haber sido opositora a su gobierno. Uno de los carabineros me miró y me dijo: “Le. Gustaría subir? Le contesté: “si”, mirando a la muchacha. Una vez adentro sentí temor, considerando los momentos tan cruentos que estábamos viviendo. Y pensé que nos podía pasar cualquier cosa. Por eso les mencioné varios conocidos importantes para darme valor. Frente a mí, al lado norte había un zócalo, producto del bombardeo, antes de subir la escalera, ésta estaba llena de
hollín y escombros, al dar un paso pisé un cartón que resultó ser un programa de los Quilapallún, lo tomé y pensé, esto lo llevo de recuerdo porque nadie me va a creer que estuve en la Moneda. Seguí subiendo hasta llegar al segundo piso, ahí uno de los carabineros me preguntó si quería entrar a la pieza donde había muerto Allende, yo le contesté que sí, la muchacha contestó que no, pero más tarde me siguió. Como la luz era muy escasa debido a que el sistema eléctrico había quedado inutilizado por el bombardeo, encendí un fósforo y avancé hasta el centro de la pieza. Quedé paralizada, el fósforo temblaba en mi mano, ya que en el sillón estaban las manchas de sangre y demás evidencias de lo ocurrido, no podía creer lo que estaba presenciando, el carabinero avanzó y levantó las manos como si fuera un fantasma tratando de asustarnos, luego me dijo que el presidente Allende había disparado desde ese balcón, con la metralleta que Fidel Castro le regalara.
Avancé hasta la otra habitación donde había una gran mesa en el centro llena de tierra y escombros, sin embargo la pieza donde falleció el presidente Allende estaba intacta.
Salí de ahí y los carabineros tomaron conciencia de lo que habían hecho, y nos hicieron prometer que no le contaríamos a nadie que habíamos entrado a la Moneda, y que además ellos observarían hacia la Intendencia para ver que ningún uniformado estuviera mirando y pudiéramos salir sin ser vistas. Eran ellos ahora los que tenían miedo. Les contesté:” ningún problema”.
Cuando íbamos bajando las escaleras mis ojos se posaron en el rincón de uno de los peldaños donde habían unos anteojos. Los tomé inmediatamente y los envolví en el programa de los Quilapallun que aún tenía en mis manos .Uno de los carabineros me dijo, no vayan a ser los anteojos de Allende que andaban buscando, seguramente al bajar el cuerpo, resbalaron. Yo les contesté: “estos anteojos son mío, soy señora de historiador y esto no se lo doy a nadie“. Como lo dije con tanta fuerza el carabinero no se atrevió a contradecirme.
Una vez en la calle tomé mi liebre junto con mi compañera a quien dejé en Los Leones con Providencia, lo único que recuerdo es que ella tenía dos apellidos iguales y se casaba la semana siguiente, nunca más supe de ella.
Mantuve esta pieza histórica guardada por muchos años. Luego que llegó la democracia entregué los anteojos al Museo Histórico. A través de este sencillo acto solo deseo realizar un pequeño aporte en la restitución de tan importante período de nuestra historia.
De chica me tocó presenciar como caía muerto el carabinero que cuidaba la Moneda, fue el tiempo de la trágica muerte de muchos estudiantes en el Seguro Obrero, en tiempo del Presidente Alessandri. Los carabinero tomaron nuestro edificio y nosotros huimos por el subterráneo hasta la calle Huérfanos donde tomamos un taxi para partir al fundo. Hubo otros recuerdos como las arremetidas de los carabineros contra los comunistas, en tiempos del presidente González Videla que nos impactaron mucho.
![]() |
| militares en el techo del edificio donde vivía |
Transcurrieron los años y me casé con un historiador y Cientista Político. Vivimos después de algunos años, en tiempos del Presidente Allende, en la calle Holanda en el barrio de Ñuñoa, donde mi esposo podía hacer clase en la Universidad De Chile y Católica con sólo caminar. Era una casona antigua con jardín y con una hermosa higuera donde jugaban nuestros hijos, era una casa acogedora, donde recibíamos a nuestro amigos, mucho intelectuales, eran almuerzos entretenidos donde se intercambiaban ideas y proyectos.
En 1973 la situación del país era grave, el país estaba convulsionado por las contingencias políticas y económicas que vivía el país. Salvador Allende era el primer presidente socialista elegido democráticamente y eso tenía su peso. Eran tiempo dramáticos a mi modo de ver, de gran incertidumbre e impotencia al no poder hacer nada para mantenernos con nuestra gran familia. Fue ahí cuando decidimos partir a Costa Rica. A mi esposo le habían dado un buen puesto en la universidad de Heredia, para levantar un Deptartamento de Historia. El partió antes y yo me iría después. Me quedé con mis siete hijos en la casona de la calle Holanda. Se respiraba una atmósfera inquietante, llena de protestas e incertidumbre.
El 11 de Septiembre fue un día que marcó nuestro destino, sentía volar los aviones por encima de la casa, prendí la radio y coloqué un casete para grabar cuales eran las noticias, en un momento como ese, ahí escuché el último discurso del presidente Allende, antes de morir, era muy emotivo y me provocó angustia y pena. Todo esto estaba pasando en Chile y yo lo quería compartir con mi esposo. A través de la radio en ese momento tan incierto y desgarrador.
Luego, esto fue lo que me sucedió el 16 o 17 de Septiembre de 1973 y que hoy quiero relatarlo. Desperté temprano, y supe que habían levantado el toque de queda por ese día, por unas horas, para poder comprar provisiones.
Tomé mi liebre V.W. y me dirigí al Centro de la ciudad, en la calle Bandera donde estaban los Cables Internacionales, no había Internet y no se podía hacer llamadas al extranjero, pensé lo mal que lo estaría pasando mi marido sin saber de nosotros, estando él en San José de Costa Rica. Una vez terminada mi diligencia, me acerqué al kiosco de diario más cercano y le pregunte a la señora que vendía “¿usted cree que podría ver la Moneda?”, me respondió: “si usted no le tiene miedo a los pacos, vaya”.
Caminé hacia el Palacio Presidencial por la calle Moneda, pasé por la Intendencia donde había un pelotón de carabineros, y me dirigí hacia la puerta principal de la Moneda, las calles estaban vacías, los faroles rotos, no había un alma en las calles. Justo frente a la entrada estaba una muchacha, de uno 20 años mirando los daños del bombardeo, al verme empezamos a conversar. Me preguntó si sabía dónde quedaba Morande, 80, le contesté como no lo voy a saber, si yo viví frente a la Moneda desde los 7 años, la plaza de la Constitución era como el jardín de mi casa, desde mi infancia he vivido la historia de Chile, vi la revolución del Seguro Obrero desde mi ventana y conocí personalmente a Arturo Alessandri y otros presidentes.
Volviendo al relato doblamos por Morande hacia la Alameda, ahí vimos que frente a la puerta, en la vereda, habían colocado cajuelas, sillas y otros objetos sacados del incendio. Estaban dos carabineros de guardia parados enfrente. Dirigiéndome a mi compañera le dije: “Pensar que aquí murió Allende”, impactada a pesar de haber sido opositora a su gobierno. Uno de los carabineros me miró y me dijo: “Le. Gustaría subir? Le contesté: “si”, mirando a la muchacha. Una vez adentro sentí temor, considerando los momentos tan cruentos que estábamos viviendo. Y pensé que nos podía pasar cualquier cosa. Por eso les mencioné varios conocidos importantes para darme valor. Frente a mí, al lado norte había un zócalo, producto del bombardeo, antes de subir la escalera, ésta estaba llena de
hollín y escombros, al dar un paso pisé un cartón que resultó ser un programa de los Quilapallún, lo tomé y pensé, esto lo llevo de recuerdo porque nadie me va a creer que estuve en la Moneda. Seguí subiendo hasta llegar al segundo piso, ahí uno de los carabineros me preguntó si quería entrar a la pieza donde había muerto Allende, yo le contesté que sí, la muchacha contestó que no, pero más tarde me siguió. Como la luz era muy escasa debido a que el sistema eléctrico había quedado inutilizado por el bombardeo, encendí un fósforo y avancé hasta el centro de la pieza. Quedé paralizada, el fósforo temblaba en mi mano, ya que en el sillón estaban las manchas de sangre y demás evidencias de lo ocurrido, no podía creer lo que estaba presenciando, el carabinero avanzó y levantó las manos como si fuera un fantasma tratando de asustarnos, luego me dijo que el presidente Allende había disparado desde ese balcón, con la metralleta que Fidel Castro le regalara.
Avancé hasta la otra habitación donde había una gran mesa en el centro llena de tierra y escombros, sin embargo la pieza donde falleció el presidente Allende estaba intacta.
Salí de ahí y los carabineros tomaron conciencia de lo que habían hecho, y nos hicieron prometer que no le contaríamos a nadie que habíamos entrado a la Moneda, y que además ellos observarían hacia la Intendencia para ver que ningún uniformado estuviera mirando y pudiéramos salir sin ser vistas. Eran ellos ahora los que tenían miedo. Les contesté:” ningún problema”.
Cuando íbamos bajando las escaleras mis ojos se posaron en el rincón de uno de los peldaños donde habían unos anteojos. Los tomé inmediatamente y los envolví en el programa de los Quilapallun que aún tenía en mis manos .Uno de los carabineros me dijo, no vayan a ser los anteojos de Allende que andaban buscando, seguramente al bajar el cuerpo, resbalaron. Yo les contesté: “estos anteojos son mío, soy señora de historiador y esto no se lo doy a nadie“. Como lo dije con tanta fuerza el carabinero no se atrevió a contradecirme.
Una vez en la calle tomé mi liebre junto con mi compañera a quien dejé en Los Leones con Providencia, lo único que recuerdo es que ella tenía dos apellidos iguales y se casaba la semana siguiente, nunca más supe de ella.
Mantuve esta pieza histórica guardada por muchos años. Luego que llegó la democracia entregué los anteojos al Museo Histórico. A través de este sencillo acto solo deseo realizar un pequeño aporte en la restitución de tan importante período de nuestra historia.
miércoles, 29 de abril de 2015
Un capitulo de mi vida
Este relato es algo que marcó mi vida, en un momento muy difícil de subsistir.
Después del golpe militar que derrocó al Presidente Allende, la vida se tornó muy compleja, para una familia como la nuestra con 7 hijos y un esposo universitario con títulos en historia y filosofía. En tiempos de Allende la universidad de Chile pasaba por momentos muy difíciles en cuanto como enfocar la historia de Chile, si no era desde un punto marxista, simplemente no se podía hacer clase, si no, se pensaba en la ideología del gobierno.
“ Vino el golpe militar y la Junta también intervino la Universidad de Chile, nombrando un rector militar, con muchas intervenciones y desconfianza, no teniendo la capacidad para discernir en un reto como ese, había que eliminar el marxismo y todo era sospechoso.
Un día estando con Carlos Bascuñán, ayudante de mi marido, conversábamos como poder subsistir ante tanta dificultad para hacer clases. Enfrenté a Carlos y le dije: ¿qué puedo hacer para que podamos tener una entrada económica?, yo necesito trabajar (con 7 hijos). Me respondió yo conozco al rector de la Biblioteca del Congreso, gran persona y amigo mío, y usted trabajó haciendo investigaciones de los diarios de épocas pasadas para ayudar a Gonzalo. ¡Fantástico le contesté,! piense en dos personas que apoyan a Pinochet y les da sus nombres, me dijo Carlos.
Después del golpe militar que derrocó al Presidente Allende, la vida se tornó muy compleja, para una familia como la nuestra con 7 hijos y un esposo universitario con títulos en historia y filosofía. En tiempos de Allende la universidad de Chile pasaba por momentos muy difíciles en cuanto como enfocar la historia de Chile, si no era desde un punto marxista, simplemente no se podía hacer clase, si no, se pensaba en la ideología del gobierno.
“ Vino el golpe militar y la Junta también intervino la Universidad de Chile, nombrando un rector militar, con muchas intervenciones y desconfianza, no teniendo la capacidad para discernir en un reto como ese, había que eliminar el marxismo y todo era sospechoso.
Un día estando con Carlos Bascuñán, ayudante de mi marido, conversábamos como poder subsistir ante tanta dificultad para hacer clases. Enfrenté a Carlos y le dije: ¿qué puedo hacer para que podamos tener una entrada económica?, yo necesito trabajar (con 7 hijos). Me respondió yo conozco al rector de la Biblioteca del Congreso, gran persona y amigo mío, y usted trabajó haciendo investigaciones de los diarios de épocas pasadas para ayudar a Gonzalo. ¡Fantástico le contesté,! piense en dos personas que apoyan a Pinochet y les da sus nombres, me dijo Carlos.
viernes, 24 de agosto de 2012
Gonzalo Izquierdo como historiador del Presente: Cartas a Arnold Bauer,1970-1973.
Prólogo:
Conocí a Gonzalo Izquierdo por primera vez durante aquellos años de Frei padre, en el Archivo Nacional donde nos encontramos en la ardua tarea cotidiana de rogarle a ese solemne depositario que nos rindiese sus secretos. Dada su reserva natural hacia cualquier persona y sobre todo a un ingenuo e incomprensible gringo, nos observábamos cautelosa mente hasta que finalmente terminamos con un amargo nescafe en la calle Mac iver. Un día después de dos meses de esas danzas rituales,Gonzalo rumiaba--siempre hablamos en su impecable inglés- que en un futuro indefinido quizás podríamos venir, mi esposa y yo, a cenar en su casa. Maravilloso,le dije, "vendremos a las nueve hoy día." Estaba sediento por conocer algunos nativos y en general, me había sido difícil llegar a una amistad más allá del intercambio superficial.
Durante los meses siguientes nos veíamos casi todos los días alrededor de la robusta mesa de roble del archivo y paulatina pero firmemente llegamos a ser amigos. Traíamos nuestro franciscano pan y fruta en una bol sita y nos sentábamos a la sombra de la estatua de Lastarria en las faldas del cerro Santa Lucia. Comíamos de vez en cuando un pegajoso dulce en los salones de té en Huérfanos mientras hablábamos libremente y con poca inhibición de política, de la vida, del amor. Gonzalo trataba de enseñarme una pequeña parte de su amplio conocimiento de la historia de Chile, al mismo tiempo que moderaba mis entusiasmos, a veces excesivos.Una tarde, recuerdo que la luminosa belleza de una chilena sentada al otro lado del salón me llamó la atención. cuando le indiqué a Gonzalo el objeto de mi admiración,él se permitió una discreta mirada y luego de echar una bocanada de humo, me respondió con una ligera sugerencia de impaciencia. "No es hermosa Arnold, sólo joven.
Los meses se convirtieron en años. Por su chispeante sentido del humor y fina ironía, por su trato delicado con los amigos y familiares, por su gran conocimiento y amor a su país empecé a imaginar a Gonzalo como representante de un "Chile profundo" que me esforzaba en entender. Era para mí, un hijo de su tierra, con raíces profundas, emocional e intelectualmente vinculado a su historia. Como muchas personas, Gonzalo tendía a identificar a su clase con el destino del país A veces en el remolino de gente y tráfico de las desordenadas calles céntricas de Santiago, me parecía que él había emergido de las páginas del Lazarillo de Tormes un austero y elegante hidalgo novo mundano altiva mente indiferente a la vulgaridad de la vida cotidiana. Pero como lo demuestran sus cartas,era un convencido demócrata, un hombre humano y compasivo.
Conocí a Gonzalo Izquierdo por primera vez durante aquellos años de Frei padre, en el Archivo Nacional donde nos encontramos en la ardua tarea cotidiana de rogarle a ese solemne depositario que nos rindiese sus secretos. Dada su reserva natural hacia cualquier persona y sobre todo a un ingenuo e incomprensible gringo, nos observábamos cautelosa mente hasta que finalmente terminamos con un amargo nescafe en la calle Mac iver. Un día después de dos meses de esas danzas rituales,Gonzalo rumiaba--siempre hablamos en su impecable inglés- que en un futuro indefinido quizás podríamos venir, mi esposa y yo, a cenar en su casa. Maravilloso,le dije, "vendremos a las nueve hoy día." Estaba sediento por conocer algunos nativos y en general, me había sido difícil llegar a una amistad más allá del intercambio superficial.
Durante los meses siguientes nos veíamos casi todos los días alrededor de la robusta mesa de roble del archivo y paulatina pero firmemente llegamos a ser amigos. Traíamos nuestro franciscano pan y fruta en una bol sita y nos sentábamos a la sombra de la estatua de Lastarria en las faldas del cerro Santa Lucia. Comíamos de vez en cuando un pegajoso dulce en los salones de té en Huérfanos mientras hablábamos libremente y con poca inhibición de política, de la vida, del amor. Gonzalo trataba de enseñarme una pequeña parte de su amplio conocimiento de la historia de Chile, al mismo tiempo que moderaba mis entusiasmos, a veces excesivos.Una tarde, recuerdo que la luminosa belleza de una chilena sentada al otro lado del salón me llamó la atención. cuando le indiqué a Gonzalo el objeto de mi admiración,él se permitió una discreta mirada y luego de echar una bocanada de humo, me respondió con una ligera sugerencia de impaciencia. "No es hermosa Arnold, sólo joven.
Los meses se convirtieron en años. Por su chispeante sentido del humor y fina ironía, por su trato delicado con los amigos y familiares, por su gran conocimiento y amor a su país empecé a imaginar a Gonzalo como representante de un "Chile profundo" que me esforzaba en entender. Era para mí, un hijo de su tierra, con raíces profundas, emocional e intelectualmente vinculado a su historia. Como muchas personas, Gonzalo tendía a identificar a su clase con el destino del país A veces en el remolino de gente y tráfico de las desordenadas calles céntricas de Santiago, me parecía que él había emergido de las páginas del Lazarillo de Tormes un austero y elegante hidalgo novo mundano altiva mente indiferente a la vulgaridad de la vida cotidiana. Pero como lo demuestran sus cartas,era un convencido demócrata, un hombre humano y compasivo.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Gonzalo Izquierdo Fernández (2)
Gonzalo ingresó, en 1953, al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, con la madurez de una recién uiendo su vocación de historiador ingresó al programa de Licenciatura en Filosofía con mención de Historia,impartido paralelamente al que otorgaba el título profesional de Profesor de Estado, cuyos planes de estudios tenían la ventaja de ser individuales,posibilitando el desarrollo integral en las áreas que conformaban el centro de interés del postulante al grado académico. Gonzalo ya se había inclinado hacia el campo de la historia de las ideas y,por afinidad, hacia las Ciencias Políticas.
Alumno destacado, formado por una generación de Maestros que difícilmente volverá a conglomerarse en nuestra o cualquiera otra Universidad, como don Juan Gómez Millas, don Eugenio Pereira Salas,don Mario Góngora del Campo, don Guillermo Feliú Cruz o don Néstor Meza Villalobos, inició su carrera docente universitaria en 1959 cuando fue nombrado Ayudante Tercero. Ese mismo año ingresé al Instituto Pedagógico y lo conocí con su eterna pipa en la mano, su andar pausado y meditabundo, que le daban un aspecto de estar en permanente reflexión. Mis compañeros de cursos superiores ya reconocían en él a un dedicado estudioso, valorando la ponderación de sus juicios. Se graduó en 1961 y al año siguiente la Fundación Rockefeller le concedió una beca para proseguir estudios de posgrado en la Universidad de California en Berkeley.Allí, en 1964, obtuvo el Master of Arts en Ciencias Políticas, regresando al Departamento de Historia de la Universidad de Chile como Profesor Auxiliar. Cuatro años después el fruto de sus pacientes investigaciones se reflejó en las publicaciones de Un estudio de las ideologías chilenas. La Sociedad de Agricultura en el siglo 19, valioso análisis de las actividades de aquella entidad y del pensamiento de sus miembros entre los años 1889 y 1990,y del artículo "La Hacienda Las Condes en 1895", aparecido en el Boletín de la Academia de la Historia. Temática que volverá a retomar en Las sociedades ilustradas en el mundo agrario español y la Sociedad de Agricultura en Chile (1989). En 1969 se integró,como Profesor de Historia de América,al cuerpo docente del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y en 1970 regresó a la Universidad de California, gracias a una beca de la Fulbrigt, para proseguir su perfeccionamiento en el campo de la Historia Latinoamericana.
lunes, 31 de agosto de 2009
Gonzalo Izquierdo Fernández (1)
Obituario publicado en "Cuadernos de Historía # 11" en diciembre de 1991.
Nace el año 1932 y muere el año 1990.
Escribe Osvaldo Silva Galdames, del Depto de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile.
Gonzalo siguió sus estudios secundarios en el colegio Saint George, cuyo edificio se hallaba rodeado de las señoriales mansiones encuadradas, aun en la década de los 50, por los añosos arboles y las antiguas acequias empedradas que bordeaban la avenida Pedro de Valdivia, antes de llegar a su hermosa plaza, para continuar, después, en dirección a la avenida Irarrazabal. Imagino que Gonzalo muchas veces pasó entre aquella vegetación, se sentó en sus escaños, obervó el anuncio de las películas proyectadas en el cine del frente, asistió con recogimiento a los oficios de la parroquia, con seguridad como tantos jóvenes de la época, bailó en la romántica atmósfera de esa especie de mágico castillo medieval, ubicado en el lado opuesto a la esquina sur poniente de la plaza. Pienso, como años después me sucedió a mi, que tal escenario era propicio para interrogarse sobre el pasado, tratando de recrear las circunstancias originadoras de dicho barrio e indagar sobre los motivos que sedujeron a sus primeros habitantes para trasladarse hacia la periferia oriental de una ciudad que, sin prevenciones se expandía urbanizando y loteando una de las más ricas tierras agrícolas Santiaguinas. El entorno donde transcurrió su época de adolescencia estudiantil, provocaba sin dudas, una atracción hacia la historia, como me comentara, con un dejo de nostalgia, por no haber seguido ese camino, su condicipulo y amigo, Carlos Ruiz-Tagle, quien, meses mas tarde, volvería a reunirse con él en la eternidad de los hombres buenos.
(continuará)
Nace el año 1932 y muere el año 1990.
Escribe Osvaldo Silva Galdames, del Depto de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile.
Gonzalo siguió sus estudios secundarios en el colegio Saint George, cuyo edificio se hallaba rodeado de las señoriales mansiones encuadradas, aun en la década de los 50, por los añosos arboles y las antiguas acequias empedradas que bordeaban la avenida Pedro de Valdivia, antes de llegar a su hermosa plaza, para continuar, después, en dirección a la avenida Irarrazabal. Imagino que Gonzalo muchas veces pasó entre aquella vegetación, se sentó en sus escaños, obervó el anuncio de las películas proyectadas en el cine del frente, asistió con recogimiento a los oficios de la parroquia, con seguridad como tantos jóvenes de la época, bailó en la romántica atmósfera de esa especie de mágico castillo medieval, ubicado en el lado opuesto a la esquina sur poniente de la plaza. Pienso, como años después me sucedió a mi, que tal escenario era propicio para interrogarse sobre el pasado, tratando de recrear las circunstancias originadoras de dicho barrio e indagar sobre los motivos que sedujeron a sus primeros habitantes para trasladarse hacia la periferia oriental de una ciudad que, sin prevenciones se expandía urbanizando y loteando una de las más ricas tierras agrícolas Santiaguinas. El entorno donde transcurrió su época de adolescencia estudiantil, provocaba sin dudas, una atracción hacia la historia, como me comentara, con un dejo de nostalgia, por no haber seguido ese camino, su condicipulo y amigo, Carlos Ruiz-Tagle, quien, meses mas tarde, volvería a reunirse con él en la eternidad de los hombres buenos.
(continuará)
domingo, 12 de octubre de 2008
A los 18 años enamorada
Mono lo adoro:
Frente a mi hay un cielo cristalino que lo cubre todo; es un atardecer, el viento entra suavemente por mi ventana abierta.
Siento que todo es esplendor y belleza. Mi mirada lo abarca, me siento muy cerca suyo.
Todo languidece, pero mi alma revive.
¡Es un milagro de amor!, lo se y lo presiento. ¡Quiero vivir!
Todo resplandece; el cielo eterno, mas allá de la nada; los árboles se mecen al compás de la dicha. ¡Es la vida que me llama, es el amor! Quiero tenerlo y sentir junto a mi sus labios tan amados. Hoy brota de mi alma todo lo mas dulce de la vida, y en suave cascada asciende a lo infinito.
Todo se ilumina, me siento suspendida, mas allá de la tierra, mas allá de lo eterno. ¿Qué es esto que me hace temblar de dicha?
No quiero despertar, quiero seguir el camino, tan buscado por mi alma.
¡Si esto es la vida, vale la pena vivirla!
Frente a mi hay un cielo cristalino que lo cubre todo; es un atardecer, el viento entra suavemente por mi ventana abierta.
Siento que todo es esplendor y belleza. Mi mirada lo abarca, me siento muy cerca suyo.
Todo languidece, pero mi alma revive.
¡Es un milagro de amor!, lo se y lo presiento. ¡Quiero vivir!
Todo resplandece; el cielo eterno, mas allá de la nada; los árboles se mecen al compás de la dicha. ¡Es la vida que me llama, es el amor! Quiero tenerlo y sentir junto a mi sus labios tan amados. Hoy brota de mi alma todo lo mas dulce de la vida, y en suave cascada asciende a lo infinito.
Todo se ilumina, me siento suspendida, mas allá de la tierra, mas allá de lo eterno. ¿Qué es esto que me hace temblar de dicha?
No quiero despertar, quiero seguir el camino, tan buscado por mi alma.
¡Si esto es la vida, vale la pena vivirla!
domingo, 14 de septiembre de 2008
Retiro semana santa padre Montes 2001
Señor, que he hecho yo por ti. He tratado, he conseguido un poco. Pero siempre esta soledad que no me deja. Vacaciones, naturaleza, maravilla de Dios, plenitud del alma. Nietos, sonrisas, un paréntesis de ayuda, tu siempre tu. Te busco, anhelo esa plenitud que me has dado muchas veces, es ahí cuando mi alma se llena de alegría, porque vislumbro lo que sería estar contigo. Me siento tan pequeña y limitada, pero siempre me he sentido insegura, pero dando la impresión de lo contrario. Esos recuerdos de mi niñez, de soledad y enfermedad, pero que me hicieron crecer y madurar. Así conocí a Gonzalo, mis ojos se nublan de lágrimas, como agradecerte Dios mio por el regalo que me diste, con ese hombre justo profundo y tierno; lo tenía todo, y con ello gran seguridad y de pronto partió, te lo entregué, pero duele mucho, esa ausencia y esa seguridad de tenerlo junto a mi.
Pero como necesitaba ese paso para crecer, para acercarme más a ti. Esos retiros que me hicieron calar hondo dentro de mi. Esa necesidad tan grande de servicio y de dar amor. Mi encuentro con las abandonadas, vejadas y perdidas, cuanto he aprendido de ellas Dios mio, es tan poco lo que puedo hacer, pero llevo una palabra de aliento, y con eso te contento señor, trato mucho de llevar tu palabra y trasmitirles lo que significa cada criatura para ti.
Mi bridge es un desahogo que me ayuda a no perder mi memoria, a estar alerta, para que no me dejen de lado. Tengo tanto miedo a la soledad, a ser una vieja aburrida y enferma. Mis hijos cada uno en su camino, tan distintos y tan iguales. Siento que algo profundo sembramos en ellos, con tu ayuda señor. Mis nietos como los agradezco, Andreita, una criatura de Dios que amo mucho, también a todos, señor cuanto me has dado, que quieres tu de mi. Es tan difícil el camino a la santidad, mi madre la virgen me ayuda y voy cambiando un poquito. Tengo tantas limitaciones.
Este retiro ha calado hondo en mi alma, como quisiera que cada uno de mis hijos estuviera aquí.
Señor quiero terminar diciéndote que tu pasión me infunde gran dolor y gran esperanza en tu sacrificio por nosotros los humanos. Te amo señor, amen.
Pero como necesitaba ese paso para crecer, para acercarme más a ti. Esos retiros que me hicieron calar hondo dentro de mi. Esa necesidad tan grande de servicio y de dar amor. Mi encuentro con las abandonadas, vejadas y perdidas, cuanto he aprendido de ellas Dios mio, es tan poco lo que puedo hacer, pero llevo una palabra de aliento, y con eso te contento señor, trato mucho de llevar tu palabra y trasmitirles lo que significa cada criatura para ti.
Mi bridge es un desahogo que me ayuda a no perder mi memoria, a estar alerta, para que no me dejen de lado. Tengo tanto miedo a la soledad, a ser una vieja aburrida y enferma. Mis hijos cada uno en su camino, tan distintos y tan iguales. Siento que algo profundo sembramos en ellos, con tu ayuda señor. Mis nietos como los agradezco, Andreita, una criatura de Dios que amo mucho, también a todos, señor cuanto me has dado, que quieres tu de mi. Es tan difícil el camino a la santidad, mi madre la virgen me ayuda y voy cambiando un poquito. Tengo tantas limitaciones.
Este retiro ha calado hondo en mi alma, como quisiera que cada uno de mis hijos estuviera aquí.
Señor quiero terminar diciéndote que tu pasión me infunde gran dolor y gran esperanza en tu sacrificio por nosotros los humanos. Te amo señor, amen.
Taller literario
Tarea: describir una pieza que ha pertenecido a un joven que ha muerto, sin mencionar como ha muerto, ni que es su hijo.
Discover Uri Caine Ensemble!
"Abrí la puerta, era su mundo, visualicé su cama que tantas veces ordené, la colcha a rayas con el azul que él elgió. La silla donde colgaba la ropa. El tiempo se detuvo, volví mi mirada, ahí estaba el perchero donde colgaba sus boinas y sus sombreros, recuerdo de sus viajes. Seguí observando, el dibujo de Rafael enmarcado por él mismo, el choapino desgastado donde se echaba Platón.
Discover Uri Caine Ensemble!
"Abrí la puerta, era su mundo, visualicé su cama que tantas veces ordené, la colcha a rayas con el azul que él elgió. La silla donde colgaba la ropa. El tiempo se detuvo, volví mi mirada, ahí estaba el perchero donde colgaba sus boinas y sus sombreros, recuerdo de sus viajes. Seguí observando, el dibujo de Rafael enmarcado por él mismo, el choapino desgastado donde se echaba Platón.
Mi vista recorrió la biblioteca, ese orden perfecto que dictaminaba su vida. Sentí los acordes de la IV de Mahler, que se escabullían por los parlantes, escondidos entre los libros. Me sumergí en la música y me uní a él, es una manera de sentirlo, de palpar su presencia. Los papeles encima de la mesa, esa mesa familiar, de roble con cuadrados de ajedrez, tan sólida. Los lápices ordenados en el vaso de greda esperando ser utilizados. El retrato de Claudia jugando con su pelo. Todo estaba ahí, sus sueños y proyectos.
Miré por la amplia ventana, a ses verde que él amaba, ahí estaba el Tilo con su amarillo desvaido, presagiando su partida. Me senté en el sillón de cuero, me apoyé en la mesa y sentí el silencio de la ausencia. Alcé la vista y leí el cartel que colgaba en la puerta "Licenciado"."
Biografía escrita el año 1976 (3)
Cuando el decidió estudiar y dejar el fundo, yo pasé mucho sola, vivía en el fundo y él la mayor parte del tiempo en el pedagógico, yo cultivaba flores, criaba pollos y vendía huevos para ayudarnos a subsistir. Para mi fue muy duro, me había acostumbrado a estar con gente, a trabajar, a tener mi vida propia y sobre todo a comunicarme con otra gente. Gonzalo estudiaba mucho y hablaba poco de ello. El nacimiento de Andrea alegró mucho mi vida, me dediqué a ella, le hacía todo. Pero luego fueron llegando los otros niños y yo no estaba hecha para tener tantos hijos. Quería algo propio mio y tener mas libertad, pero mi sentido de responsabilidad y sensibilidad primaron a ello. Tuvimos 7 hijos, todos muy diferentes, pero todos muy sensibles. Eramos muy unidos, haciamos excursiones jutos, a todas partes partiamos juntos. Vivimos dos años en USA, esto fue para mi una gran experiencia. Trabajé en una tienda, trabajé en una nursery con mis hijas, tomé clases en la Universidad de Berkeley (Sartre y del Quijote), hice clases de castellano, y conocí lo que era el pueblo norteamericano, sacándole partido a lo bueno y siendo crítica con lo negativo. Me dio una perspectiva mas moderna y dinámica de la vida. Y la separación de la familia fue positiva. Viviamos para ellos y yo pensaba que mis hjos eran maravillosos y proyectaba grandes cosas para ellos, como todas las madres. Pero ahora en la adolescencia han tenido tantos problemas que me pregunto en que fallamos y en que fallé.
A los 6 años de matrimonio conocí a Antonio, un amigo de mi marido, hombre muy sensible y extremadamente inteligente. Yo pasaba un momento muy difícil como siempre por la carrera de mi marido, por las ansias de vivir ese fuego espiritual que me consumía, por inseguridades, y por esa terrible exigencia y austeridad de mi marido. Mi relación física con Gonzalo fue siempre muy buena. Pero yo necesitaba comunicación, compartir, y nunca me había topado con alguien que me visualizase tan hondo, era mi amigo espiritual A los niños yo los adoraba, pero me sentía prisionera y no estaba hecha para tener tanto niño. Sentía que tenía espacio para otra vida, una vida no vivida, latente e importante. Antonio llenó ese vacío; lo quise mucho, me dio mucho y curiosamente me ayudó a acercarme mas a Gonzalo, le podía dar mucho mas. Era como si quisiera a dos personas en forma intensa y distinta y no quisiera perder a ninguno de los dos. Luego al casarse Antonio, me costó superar esa etapa, pero aun lo siento muy cercano, pero luego empecé a sentirme mucho mas cerca de Gonzalo a pesar de las grandes diferencias que siempre han habido, se que lo he idealizado mucho y que su historicismo, sus aislamiento y su silencio, me han hecho sufrir bastante; es por eso que sublimé parte de mi vida. Sentía que había cosas que nunca me podría dar ni entender en mi, pero que yo las tenía que llenar con mi propia vida, crecer cada vez mas interiormente y fortalecerme, que eramos dos personas distintas, con mucho también en común, que lo quería mucho.
Siempre me mantuve ávida de conocer, de querer a la gente y de sacar afuera lo que tenía. Mi mayor complemento fue cuando entré al Instituto Carlos Casanueva, ahí sentí que pertenecía, que me aclaraba, me sentía más madura y vivida que el resto, pero luego comprendí que había muchas limitaciones que superar, mucho que crecer y auto analizarse, me había sentido muy usada, me había descalaficado demasiadas veces, no me había apreciado en lo que era, en mi dimensión, me había exigido metas muy altas.
La religión y la fe han sido trascendentales en mi vida, siempre estoy tratando de evolucionar en ese aspecto, de vivir mas interiormente y vivir de acerdo a ello, nunca limitándome, estando muy abierta a los demás y tomando a los seres en su totalidad. También hago yoga, esto también me ha ayudado a conocerme. Me gustan las cosas lindas, las cosas finas, sentirme bien físicamente y eso le gusta también a Gonzalo.
Respecto de la parte económica siempre he sufrido por no darle a mis hijos cosas que yo consideraba necesarias, aunque sepa que lo esencial está dado.
domingo, 31 de agosto de 2008
Biografía escrita el año 1976 (2)
Discover Arthur Lubinsky, Frederic Chopin!
En los estudios fui siempre muy insegura y pasaba raspando. Hasta ahora tengo pesadillas en que me veo haciendo pruebas de matemáticas que no puedo resolver o de profesoras que me apocaban e inhibían. Como relaté antes fui muy enfermiza y por eso perdía meses y meses de clases, sin embargo nunca repetí año. A más mi madre me pasó de un colegio francés a uno inglés que tenía doble programa (inglés y francés) como era este (Dunalastair). Lo que más me agradaba era la literatura, el teatro, el ballet (tuve 8 años), me expresaba bailando por horas según mi estado de ánimo, me sentía Isadora Duncan. Tenía a más un diario de vida con el que desahogaba todas mis inquietudes e ideales. Escribía también poesía y hasta escribí una novela. Me encanta la música.
Nuestros padres nos dieron muy buena vida, teníamos fundo, mozo, chofer, veraneábamos tres meses, dos en el fundo y un mes en Viña. Tenía muchos amigos, pero siempre había algo íntimo que no compartía, tenía mi mundo propio. Era muy sensual y sufría en mis relaciones de pololeo con Gonzalo. Y también era muy sentimental y romántica, muy alegre, impulsiva y extrovertida, pero también melancólica y evasiva. Me fascinaba la naturaleza.
Conocí a mi actual marido cuando tenía 15 años, pero tardé dos años en enamorarme de él, primero sentí un poco de lástima por él, aunque me halagaba que me quisiera tanto, pero era muy tímido, aunque por otro lado mucho más maduro que el resto de los muchachos, en cierto sentido. Luego fui conociéndolo más y sentimos una gran atracción física mutua, fuera de que había una gran sensibilidad en ambos y muchos gustos en común. Lo que nos separaba era su introversión y lo poco sociable que era. Aunque lo de él lo compartía todo conmigo.
Cuando yo tenía 17 años, perdimos todos nuestros bienes materiales, debido a malos negocios de mi padre y a su deterioro mental, tenia en ese entonces 73 años. Mi padre murió cuando yo tenía 18 años, y yo entré a trabajar poco antes, quedamos en muy mala situación económica. Yo me salí del 5to año del colegio, en ese entonces estaba en la Maisonnette, donde cambió mucho mi vida. Entré a trabajar en una oficina pública, me sentía encerrada y me costaba mucho aclimatarme, a más que no tenía la preparación requerida y tuve que hacerlo todo sola. Trabajé con cinco abogados, uno de ellos Javier L., fue como un padre para mi, conversábamos mucho, discutíamos de política y literatura. En todo caso fue una experiencia para mi y me dio personalidad y otra perspectiva de la vida. A más de ayudar a mi madre, tenía mi plata aunque fuera poca. En todo caso el cambio fue muy grande para mi, no tenía derecho a vacaciones, estaba sola y mi madre no era capaz de enfrentar la vida sin mi padre, había que ayudarla a ella. Seguía pololeando con Gonzalo, ya casi comprometida con él. Trabajé dos años. Gonzalo tenía mi misma edad y estaba en el colegio. Lo dejó para trabajar en el fundo de sus padres y casarse conmigo. En todo caso mi relación con él me daba seguridad y mi mundo se centró en él, aunque conocí a otra gente. Pero también Gonzalo tenía muchas inseguridades, y él se apuntalaba en mi. Dio su sexto año de colegio, bachillerato y sacó los dos títulos (Historia y Filisofía) después de casado, todo con gran éxito. De los 18 a los 21 años, edad en que me casé con Gonzalo, pasé por depresiones e inseguridad por falta de dinero y apoyo familiar, la pérdida de mi padre, me cambió el carácter, no era tan alegre y optimista como antes. La seguridad material que alguna vez tuve, pesó mucho en mi, a mi madre había que apoyarla, pensó hasta irse a un convento. La figura que me ayudó mucho fue una tía, hermana de mi madre, a quien yo quería y admiraba mucho, nunca se casó, pero tenia una gran ternura marcada hacia la gente, me quiso mucho, ella también murió. Estuvo años atrás muy enferma psiquicamente y esto me afectó mucho, luego mejoró.
La familia de mi marido era muy unida, casi un clan, los de afuera no eran familiares en todo el sentido de la palabra, eran fuertes, con posición social muy renombrada, con mucha vida social, con bastante dinero. Con hijos muy capaces, y muy distintos a todos los hijos de sus amigos. Eran exigentes, críticos, pero también muy sensibles. En casa de mis suegros se reunían todos y habían discusiones y charlas muy interesantes. Pero siempre me sentía insegura, aunque siempre expusiera mis ideas. Traté de ponerme a la altura e instruirme lo más posible. Ellos eran muy descalificadores con las personas, sobre todo en cuanto a su cultura y conocimiento, nunca con respecto a la gente pobre o condición social. Mi suegro era un hombre tierno, adoraba a mi suegra y era un hombre muy justo. Gonzalo era su regalón, él tuvo muy poco amor maternal y pasó con las mamas, fue muy enfermizo, tuvo parálisis infantil a los 9 años y luego pleuresía. Para él yo fui un todo muy importante, su primer amor y reemplacé mucho de la ternura que le faltaba, fui una parte central de su vida. Aunque sus aspiraciones intelectuales estuvieron siempre muy latentes en él.
Biografía escrita el año 1976 (1)
Nací el 6 de diciembre de 1931, en un hogar acomodado. Mi padre era un hombre de negocios, pero esencialmente un político. Era muy tierno e idealista, muy humano, generoso, comunicativo, tenía gran sentido del humor, era muy buen padre, pero tenía debilidades que no sabría como especificar. Creo captar que el hecho de que le gustaran las carreras de caballo, ir a la ruleta, jugar naipes en pareja, ir al Club de la Unión, charlar y compartir ideas con sus amigos, el ser demasiado desprendido y débil frente a las exigencias de mis medios hermanos, fueron conductas que no me agradaban. Pero la verdad nos hacía tan felices y nos daba tanta ternura que todo lo de él me gustaba. Los hijos eramos una mezcla de todas esas apetencias, pero con inquietudes intelectuales, musicales e idealistas. A excepción de mi hermano mayor que teniendo amigos escritores, fue siempre muy ávido de aparentar, ir al golf, vestir bien y andar con regias niñas.
Por el otro lado mi madre, 20 años menor que mi padre, era muy bonita, muy dependiente de mi padre y moderna para su época, nos dio libertad y nos educó en colegios laicos, siendo ella profundamente cristiana, pero nunca beata. Siempre le costó tener demostraciones externas, como caricias, pero nunca nos faltó nada, en cuanto a su atención se refiere ya a la época que vivía. Pero había poca comunicación con ella, a excepción de mi único hermano, al que siempre ha adorado.
Yo era la tercera de 4 hermanos, del segundo matrimonio, mi padre viudo con 6 hijos mayores, que no vivieron con nosotros salvo en las vacaciones. El mayor de mis hermanos era hombre, estuvo siempre interno y venía a casa solo los fines de semana. Yo lo adoraba y lo tenía idealizado y solo quería encontrar a alguien como él para casarme. Después seguía mi hermana M. Inés, muy inteligente e intelectualmente muy capaz y con gran habilidad de expresión y convencimiento, pero muy insegura en lo físico, aunque era bonita. Sumamente liberal y yo diría casi amoral para esa época. Pudo haber influido mucho en mi y sin embargo yo rebatía sus ideas y mantenía las mías; peleábamos mucho.
Ana la menor era muy regalona de mis padres y yo la quería mucho, era muy influenciada por M. Inés.
Yo consideraba que tenía un hogar muy unido y feliz, pero mi niñez fue atormentada y difícil, con muchas enfermedades, dos de ellas muy graves. Creo pensándolo ahora, que puede haberse debido a mi deseo de acaparar el cariño de mis padres, siendo yo la tercera y no teniendo esos atributos tan destacados de mis hermanos. Mas adelante sentí que fui el apoyo de mis hermanos, madre y familiares, quizás para atraer ese cariño, que consideraba que no tenía. (puede ser algo subjetivo)
Durante año y medio estuve interna (por prescripción de un médico muy bruto) en el Dunalastair, colegio muy estricto y exigente, que me marcó con muchas inseguridades. En primer lugar siempre me estaban comparando con M. Inés, y por el sistema de castigos y soplonaje (sistema de prefects) y también porque la encargada del internado era una persona enferma y traumada (nacionalidad judía) por haber estado en campos de concentración.
Tuve muchas amigas, pero una en especial a la que me unía un gran afecto, era de padres separados.
Lo que sí me encantaba del colegio eran los deportes, a más tenía clases de ballet, habían muchas actividades artísticas; nos llevaban a conciertos y obras importantes.
Por el otro lado mi madre, 20 años menor que mi padre, era muy bonita, muy dependiente de mi padre y moderna para su época, nos dio libertad y nos educó en colegios laicos, siendo ella profundamente cristiana, pero nunca beata. Siempre le costó tener demostraciones externas, como caricias, pero nunca nos faltó nada, en cuanto a su atención se refiere ya a la época que vivía. Pero había poca comunicación con ella, a excepción de mi único hermano, al que siempre ha adorado.
Yo era la tercera de 4 hermanos, del segundo matrimonio, mi padre viudo con 6 hijos mayores, que no vivieron con nosotros salvo en las vacaciones. El mayor de mis hermanos era hombre, estuvo siempre interno y venía a casa solo los fines de semana. Yo lo adoraba y lo tenía idealizado y solo quería encontrar a alguien como él para casarme. Después seguía mi hermana M. Inés, muy inteligente e intelectualmente muy capaz y con gran habilidad de expresión y convencimiento, pero muy insegura en lo físico, aunque era bonita. Sumamente liberal y yo diría casi amoral para esa época. Pudo haber influido mucho en mi y sin embargo yo rebatía sus ideas y mantenía las mías; peleábamos mucho.
Ana la menor era muy regalona de mis padres y yo la quería mucho, era muy influenciada por M. Inés.
Yo consideraba que tenía un hogar muy unido y feliz, pero mi niñez fue atormentada y difícil, con muchas enfermedades, dos de ellas muy graves. Creo pensándolo ahora, que puede haberse debido a mi deseo de acaparar el cariño de mis padres, siendo yo la tercera y no teniendo esos atributos tan destacados de mis hermanos. Mas adelante sentí que fui el apoyo de mis hermanos, madre y familiares, quizás para atraer ese cariño, que consideraba que no tenía. (puede ser algo subjetivo)
Durante año y medio estuve interna (por prescripción de un médico muy bruto) en el Dunalastair, colegio muy estricto y exigente, que me marcó con muchas inseguridades. En primer lugar siempre me estaban comparando con M. Inés, y por el sistema de castigos y soplonaje (sistema de prefects) y también porque la encargada del internado era una persona enferma y traumada (nacionalidad judía) por haber estado en campos de concentración.
Tuve muchas amigas, pero una en especial a la que me unía un gran afecto, era de padres separados.
Lo que sí me encantaba del colegio eran los deportes, a más tenía clases de ballet, habían muchas actividades artísticas; nos llevaban a conciertos y obras importantes.
domingo, 17 de agosto de 2008
Anteojos de Allende
Esto fue lo que me sucedió el 16 o 17 de Septiembre de 1973 y hoy quiero relatarlo.
Desperté temprano, supe que habían levantado el toque de queda para ese día, por unas horas.
Tomé mi “liebre” VW y me dirigí al centro a mandarle un “cable” a Gonzalo (mi marido que se encontraba en San José de Costa Rica). La Agencia quedaba en Bandera frente al Teatro Metro. Una vez terminada mi diligencia, me acerqué al kiosco de diarios más cercano y le pregunté a la señora que vendía “¿usted cree que podría ver La Moneda”? me respondió: “si usted no le tiene miedo a los pacos, vaya”.
Caminé hacia el palacio presidencial, pasé por la Intendencia donde había un pelotón de carabineros, y me dirigí hacia la puerta principal, las calles estaban vacías, los faroles rotos, justo frente a la entrada estaba una muchacha de unos 20 años mirando los daños del bombardeo, al verme empezamos a conversar. Me preguntó si sabía dónde quedaba Morandé 80, le contesté “cómo no lo voy a saber si yo viví frente a La Moneda desde los siete años”, la plaza de la Constitución era como el jardín de mi casa, desde mi infancia he vivido la historia de Chile, vi la revolución del seguro obrero desde mi ventana y conocí personalmente a Arturo Alessandri y otros presidentes.

Volviendo al relato, doblamos por Morandé hacia la Alameda, ahí vimos que frente a la puerta, en la vereda habían colocado cajuelas, sillas y otros objetos sacados del incendio. Estaban dos carabineros de guardia parados enfrente. Dirigiéndome a mi compañera le dije: “pensar que aquí murió Allende”, impactada a pesar de haber sido opositora a su gobierno. Uno de los carabineros me miró y me dijo: “¿les gustaría subir?”, le contesté “Sí”, mirando a la muchacha. Una vez adentro sentí temor, considerando los momentos tan cruentos que estábamos viviendo. Y pensé que nos podía pasar cualquier cosa. Por eso les mencioné varios conocidos importantes para darme valor. Frente a mí, al lado norte había un zócalo antes de subir la escalera, ésta estaba llena de hollín y escombros, al dar un paso pisé un cartón, que resultó ser un programa de los Quilapayún, lo tomé y pensé, esto lo llevo de recuerdo porque nadie me va a creer que estuve en la Moneda. Seguí subiendo hasta llegar al segundo piso, ahí uno de los carabineros me preguntó si quería entrar a la pieza donde había muerto Allende, yo le contesté que si, la muchacha contestó que no, pero mas tarde me siguió. Como la luz era muy escasa, debido a que el sistema eléctrico había quedado inutilizado por el bombardeo, encendí un fósforo y avancé hasta el centro de la pieza. Quedé paralizada. El fósforo temblaba en mi mano, ya que en el sillón estaban las manchas de sangre y demás evidencias de lo ocurrido, no podía creer lo que estaba presenciando, el carabinero avanzó y levantó las manos como si fuera un fantasma tratando de asustarnos, luego me dijo que el Presidente Allende había disparado desde ese balcón, con la metralleta que le regalara Fidel Castro.
Avancé hasta la otra habitación donde había una gran mesa en el centro llena de tierra y escombros, sin embargo la pieza donde falleció el Presidente Allende estaba intacta.
Salí de ahí y los carabineros tomaron conciencia de lo que habían hecho y nos hicieron prometer que no le contaríamos a nadie que habíamos entrado a La Moneda, y que además ellos observarían hacia la Intendencia para ver que ningún uniformado estuviera mirando y pudiéramos salir sin ser vistas.
Cuando íbamos bajando las escaleras mis ojos se posaron en el rincón de uno de los peldaños donde había unos anteojos. Los tomé inmediatamente y los envolví en el programa de los Quilapayún que aun tenía en mis manos. Uno de los carabineros me dijo, “no vayan a ser los anteojos de Allende que andaban buscando, seguramente al bajar el cuerpo resbalaron". Yo les contesté: “estos anteojos son míos”, soy señora de historiador y esto no se lo doy a nadie. Como lo dije con tanta fuerza, el carabinero no se atrevió a contradecirme (me salió la Paulada, de doña Paula Jaraquemada).
Una vez en la calle tomé mi liebre junto con mi compañera, a quien dejé en Los Leones con Providencia, lo único que recuerdo es que ella tenía dos apellidos iguales y que se casaba la semana siguiente, nunca más supe de ella. Apenas llegué a mi casa, llamé a Enrique Campos Menéndez, (esposo de mi prima María Angélica) y le conté sobre excitada lo que había ocurrido. El me dijo "escríbelo Teruca".
He mantenido esta pieza histórica guardada por muchos años. Hoy en democracia, en un ambiente de tolerancia, me ha parecido propicio donar este valioso objeto al Museo Histórico. Para ello me acerqué a Sofía Correa, su directora, ex alumna de mi marido y muy querida por él. A través de este sencillo acto, solo deseo realizar un pequeño aporte en la reconstitución de tan importante periodo de nuestra historia.
Mi discurso en la ceremonia de entrega de los anteojos.
Otras referencias:
El Mustang del presidente
Tomé mi “liebre” VW y me dirigí al centro a mandarle un “cable” a Gonzalo (mi marido que se encontraba en San José de Costa Rica). La Agencia quedaba en Bandera frente al Teatro Metro. Una vez terminada mi diligencia, me acerqué al kiosco de diarios más cercano y le pregunté a la señora que vendía “¿usted cree que podría ver La Moneda”? me respondió: “si usted no le tiene miedo a los pacos, vaya”.
Caminé hacia el palacio presidencial, pasé por la Intendencia donde había un pelotón de carabineros, y me dirigí hacia la puerta principal, las calles estaban vacías, los faroles rotos, justo frente a la entrada estaba una muchacha de unos 20 años mirando los daños del bombardeo, al verme empezamos a conversar. Me preguntó si sabía dónde quedaba Morandé 80, le contesté “cómo no lo voy a saber si yo viví frente a La Moneda desde los siete años”, la plaza de la Constitución era como el jardín de mi casa, desde mi infancia he vivido la historia de Chile, vi la revolución del seguro obrero desde mi ventana y conocí personalmente a Arturo Alessandri y otros presidentes.
Volviendo al relato, doblamos por Morandé hacia la Alameda, ahí vimos que frente a la puerta, en la vereda habían colocado cajuelas, sillas y otros objetos sacados del incendio. Estaban dos carabineros de guardia parados enfrente. Dirigiéndome a mi compañera le dije: “pensar que aquí murió Allende”, impactada a pesar de haber sido opositora a su gobierno. Uno de los carabineros me miró y me dijo: “¿les gustaría subir?”, le contesté “Sí”, mirando a la muchacha. Una vez adentro sentí temor, considerando los momentos tan cruentos que estábamos viviendo. Y pensé que nos podía pasar cualquier cosa. Por eso les mencioné varios conocidos importantes para darme valor. Frente a mí, al lado norte había un zócalo antes de subir la escalera, ésta estaba llena de hollín y escombros, al dar un paso pisé un cartón, que resultó ser un programa de los Quilapayún, lo tomé y pensé, esto lo llevo de recuerdo porque nadie me va a creer que estuve en la Moneda. Seguí subiendo hasta llegar al segundo piso, ahí uno de los carabineros me preguntó si quería entrar a la pieza donde había muerto Allende, yo le contesté que si, la muchacha contestó que no, pero mas tarde me siguió. Como la luz era muy escasa, debido a que el sistema eléctrico había quedado inutilizado por el bombardeo, encendí un fósforo y avancé hasta el centro de la pieza. Quedé paralizada. El fósforo temblaba en mi mano, ya que en el sillón estaban las manchas de sangre y demás evidencias de lo ocurrido, no podía creer lo que estaba presenciando, el carabinero avanzó y levantó las manos como si fuera un fantasma tratando de asustarnos, luego me dijo que el Presidente Allende había disparado desde ese balcón, con la metralleta que le regalara Fidel Castro.
Salí de ahí y los carabineros tomaron conciencia de lo que habían hecho y nos hicieron prometer que no le contaríamos a nadie que habíamos entrado a La Moneda, y que además ellos observarían hacia la Intendencia para ver que ningún uniformado estuviera mirando y pudiéramos salir sin ser vistas.
Cuando íbamos bajando las escaleras mis ojos se posaron en el rincón de uno de los peldaños donde había unos anteojos. Los tomé inmediatamente y los envolví en el programa de los Quilapayún que aun tenía en mis manos. Uno de los carabineros me dijo, “no vayan a ser los anteojos de Allende que andaban buscando, seguramente al bajar el cuerpo resbalaron". Yo les contesté: “estos anteojos son míos”, soy señora de historiador y esto no se lo doy a nadie. Como lo dije con tanta fuerza, el carabinero no se atrevió a contradecirme (me salió la Paulada, de doña Paula Jaraquemada).
He mantenido esta pieza histórica guardada por muchos años. Hoy en democracia, en un ambiente de tolerancia, me ha parecido propicio donar este valioso objeto al Museo Histórico. Para ello me acerqué a Sofía Correa, su directora, ex alumna de mi marido y muy querida por él. A través de este sencillo acto, solo deseo realizar un pequeño aporte en la reconstitución de tan importante periodo de nuestra historia.
Mi discurso en la ceremonia de entrega de los anteojos.
Otras referencias:
El Mustang del presidente
18-01-91 Ensenada ada
¡Estoy en el paraíso! como decía Gonzalo.
Aunque mi alma está desgarrada, él está conmigo, su pájaro me acompaña y su trino es como un amanecer de compañía para mi. Hay parte de mi en este rincón de Ensenada: es su paz, es un trozo de cielo que Dios puso en este lugar. Desde la ventana del hotel veo el lago, ya sea encabritado o muy calmo, como un espejo. Mi vista sigue el camino, rodeado de avellanos, ulmos y tanto otros. Donde nuestros pasos se dirigían tan a menudo, en ese silencio que no cortaban las palabras. Donde dos almas querían despedirse por un tiempo prolongado, para luego encontrarse en la maravilla de Dios. Lo siento muy junto a mi, se que él está conmigo, pero añoro su cuerpo, sus labios, sus palabras y su amor tan inmenso. Es tan grande como ese lago por el que mi mirada vaga, buscádolo, buscádo también junto al bosque de la casita de Ensenada, con su noria, su rincón mágico, donde el viento juega y su música canta, Ahí estoy yo, ahí esta él.
Se me fue y parece un sueño que estuvo junto a mi, que vivimos tan unidos, que sufrimos tanto, que gozamos tanto. Hoy veo que son muy pocos los que tenían lo nuestro. Es un morir cada día, para renacer luego, y preguntarme que quiere Dios de mi, cual es mi cometido. Cada hijo tiene su vida, y me siento intrusa ante su intimidad y vidas tan distintas a la nuestra. Se que me quieren y soy su madre. Ellos también sienten el vacio del padre que se fue y no quieren que yo parta. ¿Pero seré capaz de sobrevivir a este mundo, tendré fuerza para enfrentarlo y aportar algo de mi?
Nota
09-06-90 Santiago
Es curioso este vivir a medias. Con el ser que fue y hoy es solo parte. Mi dolor es profundo, intenso, desgarrador, me enriquece, me debilita, me quita cada vez mas fuerza y sin embargo existo.
¿Qué es peor, mirar sus ojos interrogándone, pidiendome ayuda, ver su sufrimiento y el no poder aceptar lo que le ocurre? O ver la mirada vacía, el ser apagado y sin vitalidad, que cada día se debilita más. Es la tortura de sentir que lo pierdo un poquito cada día y que ya no tengo la fuerza ni energía para luchar en sacarlo adelante.
Los médicos ven que no hay salida, sino ayudar a paliar la enfermedad y el dolor de la familia. Nosotros seguimos esperando un milagro si Dios lo quiere.
Marcela me dice que debo seguir siendo yo misma, darme mi propio espacio, aceptar que es muy dura la realidad que vivo, que no puedo cambiarla.
Seguir existiendo. ¿Cómo pueden dos seres amarse tanto, respetarse, y mantener esa llama viva por tanto tiempo?
¿Qué es peor, mirar sus ojos interrogándone, pidiendome ayuda, ver su sufrimiento y el no poder aceptar lo que le ocurre? O ver la mirada vacía, el ser apagado y sin vitalidad, que cada día se debilita más. Es la tortura de sentir que lo pierdo un poquito cada día y que ya no tengo la fuerza ni energía para luchar en sacarlo adelante.
Los médicos ven que no hay salida, sino ayudar a paliar la enfermedad y el dolor de la familia. Nosotros seguimos esperando un milagro si Dios lo quiere.
Marcela me dice que debo seguir siendo yo misma, darme mi propio espacio, aceptar que es muy dura la realidad que vivo, que no puedo cambiarla.
Seguir existiendo. ¿Cómo pueden dos seres amarse tanto, respetarse, y mantener esa llama viva por tanto tiempo?
20-01-90 Santiago
Hoy he comprendido muchas cosas, ahora se que yo solo puedo cambiar lo que hay en mi, no en los demás. Debo ir a pasos cortos, dando lo que puedo dar, a la medida de mis fuerzas. Soy yo la que importo en relación a mi misma, si Dios quiere va a darle la salud a Gonzalo y si Él lo quiere realmente. Él está viviendo esta cruz porque estaba escrito que fuera así. Yo lo quiero mucho, mi amor lo ayuda a superarse él, por sanar, pero todo es relativo. En la medida en que me conozco, que me quiero, que avanzo en mi propio descubrimiento y veo lo que hay en mi, voy a ser capaz de seguir sin desmoronarme. No puedo pretender dar más si yo no estoy bien, si no tengo paz. Yo no puedo cambiar lo que me depara el destino, no puedo detener lo que está trazado para mi. Si yo estoy bien lo que me rodea será mas llevadero. Cada hijo es él en si mismo, no lo puedo cambiar, ni lo pretendo. Es lo que yo proyecto hacia ellos y hacia los demás, es lo que cuenta. No puedo subir la montaña a pasos largos, porque me desmorono, tengo que ir a pasos muy cortos, para no caerme tantas veces, para que me duela menos. Ese es mi cometido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



